Y un día sucedió que me rompí en mil pedazos,
y cada uno dolió como mil más,
me perdí en el dolor y el marasmo me arrastró,
y me hundió en la oscuridad infinita de mi alma,
y otro tomó mi lugar, se obligó a continuar,
a seguir caminando con una sonrisa por bandera,
una canción como himno y un carbón en vez de corazón,
pero si yo nunca he sido fuerte... él menos que yo,
al cabo del tiempo se derrumbó a mi alrededor,
y me devolvió con creces incluso, ese mismo dolor,
y allá fui, vestido de nuevo en él,
todo envuelto y dolorido, como siempre había sido,
pero como nunca consciente de ello,
pero como siempre, sólo yo lo sentía,
como siempre me obligué a sonreír,
y así día tras día fingía,
y otras veces incluso fui sincero y reí de verdad,
porque reír no es estar alegre,
así como alegre no es estar feliz,
a veces sólo una capa de más...
buscar que nos dejen en paz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario