ni aunque me tengan enfrente,
mi cuerpo a veces está
pero mi alma está ausente,
anda perdida en el llano,
en compañía de la muerte.
Pero esto no es de asustar,
hay que tenerlo presente,
la muerte acompaña siempre
a quién muere lentamente,
tanto como al que aprieta el paso
en un triste y último abrazo.
Jamás sabrán donde estoy
ni aunque me tengan enfrente,
mi cuerpo a veces está
pero mi alma está ausente,
perdida en sueños de locos
en castillos en las nubes.
Acaso esto asuste más
que una sombra en un desván,
porque distinguir no puedo...
(o ¿acaso es que no quiero?)
fantasía o realidad
peligroso, ¿cierto o no?
Jamás sabrán donde estoy
ni aunque me tengan enfrente,
mi cuerpo a veces está
pero mi alma está ausente,
perdida en notas y letras
de canciones infinitas.
A mi alma la inspira canciones
viejas, nuevas, buenas, malas,
acaso algunas aún peores
con verdades y dolores,
tristeza, amor, desamores,
que deshojan los autores
y hablan de tiempos mejores,
que han de venir o se han ido.
Jamás sabrán donde estoy
ni aunque me tengan enfrente,
mi cuerpo a veces está
pero mi alma está ausente,
acompañando la vida,
o quizá la muerte misma
de un personaje en un libro.
Luchando a brazo partido
entre espadas y dragones,
entre magos y hechiceros,
reinas, reyes y bandidos,
viajando de un mundo a otro
entre magia pura y tecnología,
entre el pasado y futuro
perdido en tiempos pasados,
dimensiones olvidadas,
palabras, letras y frases,
de una fantasía sin par,
erótica... o tal vez textual.
Jamás sabrán donde estoy
ni aunque me tengan enfrente,
mi cuerpo a veces está
pero mi alma anda lejos,
perdida quizá en los espejos
o incluso mucho, mucho más lejos...


